ODIO LA CENSURA
February 26, 2006 at 12:12 am Leave a comment
No es nuevo en mi vida el sentimiento de sentir que me obligan a callar. Que no puedo decir lo que pienso, porque en el mejor de los casos termine en bancarrota, lastimado o preso. Porque siempre están esas personas “superiores” a uno, por meros estándares sociales, que creen que pueden menospreciar lo que tenemos para decir.
Odio los estándares.
Sentirse oprimido por la situación, tener la cabeza hirviendo, en pleno punto de ebullición con insultos y respuestas totalmente apropiadas, y aún así poner la mejor sonrisa de boludo que nos sale y asentir con la cabeza. “Perdón jefecito…” “disculpe oficial… ” Y tantas otras frases cordiales obligadas que nos vemos obligados a decir para salvar nuestros malditos pellejos.
Odio nuestros pellejos.
Es sabido que el peor ejemplar de este “mal” es la auto censura, el meternos en “cajas” mentales y cada vez cerrar mas y mas las paredes hasta hallarnos en un pequeño cubículo de oficina pensando, si lo mando al carajo me echan, mientras tipeamos textos referidos a la abolición de la censura, temiendo que “ciertos ojos” se posen en nuestro monitor y confirmen sus sospechas sobre nuestros actos seudo-anárquicos.
Odio las sospechas que se convierten en certezas.
Así que nos encontramos ahora con una caja, en las manos esta vez, cargada de nuestros afectos personales, bajando por el ascensor y mirando la cara de todos los cobardes colegas que siguen con la cabeza entre los hombros, no sin detectar un aire de admiración en sus miradas, admiración falsa hacía uno que en el humillante acto de ser despedido se le dio la libertad para decir lo que siente.
Odio los colegas cobardes.
Y ahora que alcanzamos la libertad que tantos soñamos, ahora que tocamos con los dedos aquello que parecía tan etéreo y lejano. Ahora que sentimos que nuestra expresión es mas libre que nunca, que saboreamos cada palabra, sabiendo que nadie nos va a recriminar, abrimos el diario y buscamos en los clasificados algún trabajo de oficinista de 8 a 21, con cubículo personal, y todo comienza de nuevo.
Odio las secuelas.
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